viernes, 26 de diciembre de 2008

Secretos del mundo













A veces pienso que morí al conocerte. Cuando cae la noche y desaparecen las nubes es solo tu deseo de mostrarme las estrellas, la nieve se calienta a cada paso por donde tu caminas y los días se hacen más largos según tus ganas de verme las pupilas.

En la nube del sexto cielo se ve el mundo tan diferente...




El paraíso no debe de estar demasiado lejos de ti.

jueves, 16 de octubre de 2008

La luna, las estrellas, el sol, el amanecer, los colores, el rojo, la pasión, las caricias, las cosquillas, el amor, los abrazos. Los secretos, las mentiras, el olvido, la tristeza, las lágrimas, la decepción, el negro. El azul cielo del invierno, el perdón, el arrepentimiento, el viento revolviendo nuestro pelo, los tornados, las gotas de agua en mis mejillas, las inundaciones, los rayos, las tormentas, el miedo. El lila, las caricias, el calor de la estufa sobre tu cuerpo, la nieve, el blanco, las nubes. Los paisajes de montaña en un cuadro, la pintura, el agua, la playa, el poniente arrancando la arena con susurros, los peces, el naranja, las vacaciones, los viajes, el mundo. Las hojas sin vida en el césped del jardín, el marrón, la lectura, las letras, las películas, las primeras historias sin titulo, las canciones, las noches largas sin estrellas, el universo, los animales, la vida, tu, nosotros.

martes, 14 de octubre de 2008

Los amaneceres fueron nuestra cueva cuando cayó la noche

Lluéveme con rayos, atácame con nubes, y si quieres vísteme con nieve blanca. El sol consigue desnudarme las entrañas en primavera pero la niebla nunca enfría nuestro aliento. Los amaneceres fueron nuestra cueva cuando cayó la noche; pero esta noche, mis estrellas bajaran para observarte si me extrañas. Mi locura no encontrará ráfaga de viento capaz de navegarla entre tus mares de sueño bajo la luna y hasta ahora, tus susurros sonaron demasiado lejos.

Las gotas de la noche han desbordado su caudal, fluyen dentro mío, nuestro, de los dos.

lunes, 13 de octubre de 2008

Ya no espero más palabras con remitentes de amor

Las palabras se atropellan torpemente entre mis labios, a raso, casi al suelo. Tus ojos, color de lluvia, color de vida, acarician dulcemente mis versos sin reparar en cada sílaba. Esta vez no hablaban de tierras encantadas, ni de todo nuestro amor corriendo en un mismo círculo donde todo eran mentiras tras traiciones y excusas que con lagunas en el tiempo nos habían hecho felices. Ahora las tierras encantadas han sido conquistadas por el viento, cosidas a mi alma con remitente desconocido y han dejado una gran herida que supura cada oleaje de madrugada por mi estúpida forma de no haber podido ver tus engaños. Pero ya te olvidé. Ya no eres el polvo que el oriente me traía repleto de lágrimas entre tiempo y tiempo. Ya no vienes con una ráfaga de lamentos y decepciones. Y YA NO VOY SUPLICANDO QUE ME AMES POR QUE SÉ QUE NUNCA SUPISTE HACERLO.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Me necesitabas, y yo a ti

-¿Por qué te enamoraste de mi?
- Me encantaba tu sonrisa a las ocho de la noche, sabía que eras diferente, no eras como los demás y se notaba en tu mirada. Eras una persona oculta que siempre probaba a enmascarar sus propios sentimientos. Sabía que necesitabas a alguien y que ese alguien tenía que ser yo.
- Pagaste un precio muy alto.
- Sí, pero te tengo a ti que eres lo más valioso del mundo y si tuviese que volver a pagar ese precio, lo haría sin pensarlo.

martes, 23 de septiembre de 2008


El viento me arranca con un suspiro tus besos. Reviento. Te toco, te encuentro, te grito a pulmón todos los te quieros guardados bajo la mordaza de algodón de tantos años sin abrir por miedo. Se apartan las palabras, se esfuman, se paran y solo corre el sonido de nuestros labios entrechocando, nuestras pupilas dibujando versos con sabor a fresa caliente y tus brazos rodeándome tan fuerte que el amor me impide respirar bajo tu cuerpo. Mi olor a vainilla endulza tu piel arrastrando todo lo que toca; ahora caminan tus dedos sobre mi ombligo destapado por sudores.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Estremecer en cada gemido de sus labios, caer en el letargo que sus llemas dibujan en mi piel ardiente de deseo. Escalar por su cabello y sentir que sus ojos desaparecen de estas sabanas que atan su cuerpo contra el mio entrechocando, como dos almas de fuego a punto de estallar, a punto de conseguir que se pare el tiempo y la noche nos funda por completo junto a los sentimientos; en el tictac de cada caricia congelada por su aliento.